lunes, 22 de noviembre de 2010

El hombre per fec to

El hombre perfecto para ella siempre fue un títere rojo con ojos llorosos. Uno que era capaz de gritar con gases y golpes en la cara. Uno que ensangrentado sea capaz de asir una piedra y lanzarla al otro lado. Uno que en sus ratos libres lea Karouac y Fitzgerald. Uno que tenga la capacidad de describir mundos alternos al suyo. Uno que no tenga miedo a abrir la puerta un lunes por la madrugada. Uno que viaje sin más preocupación que del grosor de la maleta. Uno que llore por las noches ante cualquier sonido sepulcral. Uno que requiera más de 5 abrazos por día. Uno que no tenga celular, pero siempre llame. Uno que sea capaz de componer y descomponer poemas, visuales o escritos. Uno que la quiera. A ella y a sus silencios. A ella y a sus viajes astrales. A ella y a sus fríos inviernos. A ella, la que canta feo y llora bonito. A ella la que habla con los ojos y suplica por la boca. A ella, la que cree que el hombre perfecto es un estado temporal por el que caen algunos.

A veces, casi siempre, cuando piensa que lo ha encontrado, alarga la mano para intentar retenerlo. Y este, al mínimo contacto explota en pequeñas gotitas de ariel y cae en el mar.

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